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Cuando Fuerteventura se convirtió en la península del Sinaí

El director de «Blade runner» desembarcó en la isla canaria para rodar diversas escenas de «Éxodus».

Las blancas dunas de Corralejo, El Cotillo, Pozo Negro o Playa de la Barca saben lo que es sentir el paso de Moisés junto al pueblo judío en su histórico éxodo hace más de 3.000 años. Al menos, en la ficción. «Éxodus», la película dirigida por Ridley Scott, convirtió buena parte de los parajes de Fuerteventura en su particular Sinaí. Christian Bale, Aaron Paul, Joel Edgerton, María Valverde, Andrew Tarbet y Ben Kingsley transformaron la tranquilidad que habita en la isla en carreras de cuadrigas con caballos entrenados y en la coronación de Ramsés II que tuvo lugar en 1279 a.C. El director de «Blade Runner», «Alien, el octavo pasajero» y «Thelma y Louise» encontró en estos rincones canarios las localizaciones idóneas para desarrollar una película que consiguió recaudar, entre 2014 y 2015, más de 260 millones de euros en todo el mundo.

Sin duda, uno de sus mayores atractivos son sus playas de arena fina, donde se grabaron distintas localizaciones de la cinta de Scott. Pero no solo eso. Son un lugar de peregrinación para todos aquellos amantes de los deportes acuáticos como son el submarinismo o el windsurf. De hecho, su costa es uno de los puntos por los que pasa el circuito de la Copa del Mundo de esta disciplina. También es posible encontrar recovecos naturales mágicos como el Islote de los Lobos, el Parque Natural de Jandía y la Montaña Tindaya. La mejor forma de conocer y admirar cada uno de ellos es a través de las numerosas rutas de senderismo que los atraviesan. Aunque valerse de una bicicleta también resulta una opción interesante, sobre todo en aquellos lugares de difícil acceso a pie.

Como resulta más que evidente, Fuerteventura es arena y mar en estado puro. Cuenta con más extensas y paradisíacas playas de distinta tipología, para que el visitante siempre pueda elegir el plan del día: practicar actividades acuáticas, olvidarse de todo paseando por la solitaria orilla de una playa virgen, degustar algún pescado fresco de la zona o, simplemente, sentarte a contemplar un bonito atardecer. Porque más de 150 km de costa dan para mucho. Entre otras cosas, para conocer su hábitat marino, el cual es considerado Reserva de la Biosfera por albergar especies animales como los cachalotes o las tortugas marinas. Aunque sus ciudades también juegan un papel importante.

La joya de Betancuria

Anclada en el centro de la isla se encuentra una de las poblaciones con más solera y tradición: Betancuria. Esta arcaica ciudad, fundada en el siglo XV, se eleva con su impresionante conjunto histórico. Antaño fue la capital y la ciudad con mayor interés cultural, con un museo arqueológico en el que se puede conocer cómo vivían sus antiguos habitantes. Entre sus puntos de interés destaca la Iglesia de Santa María que fue arrasada por los piratas en el siglo XVI y se reconstruyó en el siglo XVII. En su interior se pueden ver diversas obras de arte sacro. Junto a ella, hay una zona turística con una cafetería y varias tiendas de productos típicos de la isla que cuentan con un gran stock en todo tipo de artesanías y recuerdos. Los mismos que contribuyeron a hacer de la película de Scott algo más que una superproducción hollywodiense.

En definitiva, en Fuerteventura, Ridley Scott encontró un enclave soñado por cualquier director de cine. Allí encuentra hasta ciudades que (aunque no sean grandes) cuentan con todo tipo de servicios, edificios de distintas alturas y monumentos. Además, hay costa, con largas playas, un mar cristalino y un gran bullicio entre bañistas y deportistas. Y también, casi sin moverse, hay todo lo opuesto, un paraje casi desértico, tanto de gente como de cualquier otra forma de vida, sea animal o vegetal.

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